¿Y si el maximalismo fuera el nuevo “básico”?

Últimamente, mi algoritmo me ha bombardeado con un mensaje absoluto: el maximalismo es la única forma "correcta" de vestir. Según estos creadores de contenido, cualquier otra opción es aburrida, básica y carente de esencia.

Pero esta tendencia me genera una duda razonable: ¿No era el maximalismo, por definición, una rebeldía ante la norma? Si todos estamos obligados a ser "creativos" bajo el mismo patrón de exceso, ¿dónde queda la verdadera libertad?

El "gancho" del absolutismo digital

Es comprensible por qué sucede: en redes sociales, la moderación no genera clics. Decir que tienes la "verdad absoluta" sobre la moda es la mejor estrategia para generar polémica. Sin embargo, me hace cuestionar si estos mensajes no son más que ruido para alimentar la interacción, asegurando tener la última respuesta a un fenómeno tan subjetivo como la identidad.

El derecho a pasar desapercibida

Crecí como una niña introvertida. Aunque hablo mucho cuando estoy en confianza, no me gusta ser el centro de atención. Para quienes somos así, la vestimenta cumple una función de protección.

Si el maximalismo —con sus mezclas de colores contrastantes, patrones disonantes y texturas— se convirtiera en el nuevo estándar, el "bicho raro" pasaría a ser quien elige la sencillez y los tonos neutros. ¿De qué manera podría proyectar quién soy sin que todos volteen a verme por vestirme “diferente”?

La moda desde el privilegio y la realidad

Seamos realistas: el maximalismo es visualmente fascinante, como una pieza de arte, pero a menudo carece de funcionalidad.

  1. El factor neuronal: Cada color y textura transmite sensaciones. El exceso puede ser una sobreestimulación constante que no todos los entornos (o cerebros) pueden procesar.

  2. La logística del día a día: Es un privilegio salir a la calle con una falda con cauda y tacones de 20 cm. Para quien tiene que caminar diez cuadras hacia el transporte público, esa "expresión creativa" se convierte en un obstáculo físico.

Ni "Old Money", ni excesos obligatorios

Soy la primera en promover la individualidad, pero también la primera enemiga de los absolutismos. Ya sea que nos vendan el Old Money como la única forma "elegante" de existir o el maximalismo como la única forma "auténtica", ambos caen en el mismo error: ignorar que la vida de cada individuo sigue una línea distinta.

El "vestir bien" no debería ser un examen que aprobamos siguiendo una estética de TikTok, sino un diálogo coherente entre lo que somos, lo que necesitamos y cómo nos movemos por el mundo.


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